Fue un misterioso personaje francés de los siglos XVII-XVIII, que
fue encarcelado por razones desconocidas en la prisión de la Bastilla.
Mientras estuvo en prisión su rostro fue cubierto con una máscara
probablemente hecha de terciopelo, aunque la leyenda dice que era de hierro. La
primera referencia a su existencia la hizo el filósofo de la Ilustración Voltaire
(a través de su obra El siglo de Luis XIV), quien, estando en la Bastilla en
calidad de reo, recibió narraciones de presos más antiguos que hablaban de la
existencia del misterioso personaje. Según la leyenda, el personaje murió en
1703 y fue enterrado en el cementerio de San Pablo, en París, con el seudónimo
de Marchiali, pero su verdadero nombre y las razones por las cuales había sido
encerrado eran considerados secreto de Estado.